Immanuel attender Ana Garcia appears in Hoy Newspaper as Inspiration for her son, a champion Boxer. Feligresa de Immanuel, Ana Garcia, aparece en el Periódico Hoy por ser la Inspiración de su hijo, boxeador campeón

Ana Garcia is a visually impaired woman who has attended Immanuel for six months. She is featured in an the current issue of Hoy Newspaper in Spanish as the inspiration for her son, who fought in a pay for view boxing match earlier this month. Below is the part of the article about Ana in Spanish. Ana, you inspire us as well. To read the whole article,click here.

Ana Garcia es una mujer legalmente ciega que ha asistido a Immanuel por seis meses. Un artículo en la edición actual del periódico HOY la describe como la inspiración de su hijo, que peleó en un campeonato de boxeo este mes. Abajo está la parte del artículo. Ana, nos inspira también. Para leer todo el artículo, haga click aquí

La inspiración es mamá

Pero esta vez, el boxeo tiene algo más que un peleador de un golpe y adiós. Esta vez, los aficionados al boxeo tienen una nueva historia, y una muy conmovedora.

Espino vive con su madre, Ana García, en un complejo de apartamentos algo menos que elegante en North Hollywood. Llegó hace cuatro años, después de que ella se separó de su esposo en un divorcio. Espino lo hizo, en parte, porque Ana es legalmente ciega. También en parte como una muestra de apoyo, tanto emocional como financiera. Él tenía algo de dinero obtenido de sus peleas y como parte de su aparición en el programa ‘The Contender’.

Espino es joven, soltero, obviamente atlético y ahora está a sólo un golpe de la fama y fortuna que nunca hubiera podido imaginar. Ha tenido muchas novias, incluyendo Marlene Nandrino, quien estará con él en Youngstown este sábado. “Les digo [a las novias]”, dice Espino, “conmigo viene mi madre. Tienen que saber eso antes que otra cosa”.

Ana García tiene 49 años. Sus primeras señales de retinitis pigmentosa, una enfermedad genética de pérdida progresiva de la visión que en ocasiones incluye visión de túnel, aparecieron a la edad de 15.

Ella camina con un bastón. Cuando no hay ‘rides’, viaja en tren o autobús. Va al L.A. City College tres veces por semana, donde trabaja para obtener su título como consultora en servicios humanos. Asiste al Instituto Braille, donde le leen libros. También va dos veces por semana a un centro de trabajo en el Este de L.A., y es voluntaria en varias iglesias los domingos, donde cocina para los feligreces.

“Ella está afuera más que yo”, dice Espino, con orgullo.

La hermana menor de Espino, Kathy, también vino para apoyar a su madre durante el proceso de divorcio. Ana dice que está orgullosa de sus hijos y que no le importa que Miguel esté en un deporte tan peligroso. También le gusta que él tiene los pies en la tierra.

Ella no viajará a Youngstown y no tendrá la pelea en la televisión. Cuando termine, sin importar el resultado, Espino hará una llamada telefónica. Le dirá a su madre que está bien.

“Serán dos minutos”, dice Espino. “Eso es todo lo que necesita”.

Con un hijo como Espino, con eso basta.

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